Justo ahora
Marcela Maye Muthe
Personajes:
- Juanita (la niña)
- Los muñecos (no hay numero determinado)
Había una vez una niña de 8 años, llamada Juana. Ella vivía en el campo junto a su madre y a su padre. Juanita era hija única.
A ella le encantaba desayunar cereal con leche todas las mañanas. Sus favoritos eran los de rueditas, porque los podía meter sobre sus dedos de sus manos, luciéndolos como un hermoso anillo de varios colores.
Juanita era considerada una niña fea por sus compañeros del salón, no tenía amigos. Una tarde lluviosa mientras se miraba al espejo de pies a cabeza, se dio cuenta que su rostro comenzaban a brotar pequeños granos.
Juana comenzó a buscar entre su ropero un espejo más pequeño que su madre le había regalado en su cumpleaños, se sentó sobre su cama y comenzó a masajearse el rostro.
De pronto, comenzó a escuchar ruidos: “Tin, tin”, “Tin, tin”. La niña muy asustada corrió hacia el cajón del ropero, cuando de pronto salieron tres muñecos pequeños al tamaño de su dedo, uno más estaba sentado en las manecillas de reloj “francés” que su padre había comprado en el mercado.
Los muñequitos encabezaron un coro:
- Espejito, por favor dile “no necesitas cambiar nada, eres bonita”, “eres perfecta tal como eres, solo tienes que ser feliz, no te preocupes” – decían los muñecos al mismo tiempo.
- Yo soy fea – replicaba Juanita
- Mis compañeros de la escuela me lo dicen todos los días – con un rostro lleno de tristeza y volvía a mirarse al espejo.
Los muñequitos comenzaron a corear de nuevo:
- ¡Aunque te mire una y otra vez, ese defecto del que me estás hablando, no podemos verlo en absoluto, sigue siendo tu misma! – mirando a Juanita a los ojos sin poder parpadear, hasta que ella volvió a hablar.
- ¡Tienen razón, no volveré a ponerme triste por algo así, gracias hermosos muñequitos! – mostrando unos ojos llenos de alegría.
Desde el instante en el que aparecieron los muñequitos, Juanita y ellos jamás se separaron, ella los lleva siempre a la escuela en la mochila y cuando tiene un problema, sus amigos los muñequitos la ayudan a resolverlo.
El único objetivo de los pequeños muñecos, era elevar la autoestima de Juanita, ya que comenzaba a entrar a una etapa al que todo mundo llama adolescencia.



